lunes, 31 de agosto de 2015

Focalizar en las mafias, para esconder el problema

No soy conspiranoico, como ya he dicho en más de una ocasión, porque la inteligencia y la perspectiva —como con seguridad os sucede a todos vosotros— no me permiten tan reconfortante ingenuidad, de modo que cuando pasa algo no me vuelvo en busca de ninguna alianza entre la CIA, Los Rosacruces y Spectra, para entender qué está pasando.
No obstante lo anterior, no deja de ser curioso cómo son capaces de florecer y multiplicarse ciertas ideas muy eficaces para mantener a la gente en la más desorientada estupidez. Acepto que no las promueve ninguna sociedad secreta y malísima; pero casi dan ganas de pensar en lo contrario, a la vista de cómo nos llegan en cascada desde los más variados ángulos mediáticos y políticos. Y una de esas sandeces monumentales es la de acudir a “las mafias” para intentar explicar aquellos fenómenos terribles y dolorosos que nos cuesta trabajo aceptar como frutos naturales de las sociedades humanas. No, mucho mejor criminalizar la cosa, atribuirle su responsabilidad y autoría a un pequeño y oscuro grupo de seres siniestros. Una vez hecho eso el problema o drama en cuestión deja de quitar el sueño, pues bastará con dar con los malos y anularlos.
El ejemplo más palmario y actual de la gigantesca idiotez a la que me estoy refiriendo lo encontramos en cómo se está afrontando la avalancha de emigrantes y refugiados de guerra que amenaza  este verano con invadir Europa ¿Sabéis a qué se debe, dónde nace el problema? Pues muy sencillo: “…a las mafias que trafican con seres humanos y que se dedican a robarles a estos infelices los ahorros de toda su vida, para embarcarlos después en barcazas destartaladas y abandonarlos en altamar, o meterlos en camiones patera con los que transportarlos como ganado hasta las puertas del Paraíso. Los habitantes del Paraíso, que somos buenos buenísimos, nos pasamos la vida rescatándoles y haciendo todo lo posible porque su vida parezca un capítulo de alguna serie de Disney Chanel… pero claro, lo mismo no podemos atender adecuadamente a todos, de modo que lo suyo es acabar con las mafias, para que así cese el flujo de infelices, y colorín colorado….”
Vamos a ver, señores, seamos serios: siempre que surge una posibilidad novedosa de ganar dinero hay quien intenta explotarla. Si la cosa es ilegal, pues aún mejor —aunque solo algunos individuos tengan la catadura moral para atreverse a hacerlo— pues los márgenes siempre son mayores. Así, por ejemplo, surgió el estraperlo en la posguerra española. Pero haría falta ser muy imbécil para pensar que la causa del estraperlo eran los estraperlistas, y no la miseria nacional que hacía valiosa y deseable cualquier mercancía foránea. Podrían ponerse infinidad de ejemplos similares, y es probable que en otra ocasión vuelva sobre alguno de ellos (el tema de la prostitución es serio candidato de atención por parte del Tribunal Planetario). Pero ahora voy a intentar centrarme en el dramón que se nos ha venido encima: cientos de miles de hombres, mujeres y niños agolpados en las fronteras del sudeste de Europa, intentando entrar.
Para empezar, tenemos que tener claro que la gente no es tonta, y que a nadie le gusta abandonar su casa, costumbres, familia, medio de vida… salvo, obviamente, que su presente y expectativas sean tan malas que no le quede otra. Así, y por eso, llevan décadas viniendo africanos a Europa, sobre todo de países pobres, como en su día los italianos e irlandeses pobres inundaron los Estados Unidos, y etcétera, etcétera, etcétera: los movimientos migratorios, casi siempre forzados y dolorosos (hambrunas, guerras, etc.), son una constante en la historia de la humanidad
Cuando alguien se nos planta en la frontera, sin tarjeta de crédito ni billete de vuelta, damos por hecho que viene a quedarse, y lo primero que intentamos hacer es clasificarlo. Si se trata de un sirio o un iraquí interpretaremos que viene huyendo de la guerra, le denominaremos “refugiado” y le aplicaremos determinadas leyes —bastante humanitarias— mientras que si es senegalés o nigeriano diremos que es un “emigrante”, al que corresponderá aplicar otras leyes —algo más duras— ¿Y si es congoleño, eritreo, yemení o turco? ¿Cómo de seria y oficial ha de ser una guerra para que a sus víctimas se les considere refugiados, y no emigrantes? ¿Hay algún país pobre de solemnidad, de esos de donde nos llega esta gente, que no se encuentre de un modo u otro embarcado en algún tipo de conflicto?
La cruda realidad es que aquí no caben todos los que vendrían, si pudieran: sólo de Siria han huido ya cerca de 4 millones de personas, sobre todo a los países vecinos, y puede darse por seguro que la inmensa mayoría de ellos preferiría ser exiliado político en Alemania, que refugiado —y apenas superviviente— en Líbano. Pero es que Siria es apenas uno de los focos: si juntamos todos los países de África y del Cercano Oriente aquejados por guerras y miserias, cuyos habitantes no son menos humanos ni merecedores de solidaridad que los sirios, ¿qué cifra podría salir? ¿Veinte millones…? ¿Cincuenta…? ¿Doscientos…? (la población total de África y Medio Oriente supera los 1.500 millones de personas, de modo que esos 200 millones no son una cifra/chiste sino una posibilidad real que equivale al 13,3 % de los que residen en ese sector del planeta) Lo dicho: no caben ni de coña… habida cuenta de que a lo que no estamos dispuestos a renunciar bajo ningún concepto es a nuestro Estado del Bienestar, el cual sigue siendo paradigma de sociedad avanzada, pese a los deterioros provocados por la crisis.
Para empeorar la situación, el vivir en la Era de la Comunicación nos priva de la posibilidad de mirar para otro lado, como siempre se hizo. No, ahora no hay manera, y todos los días nos toca desayunarnos con naufragios, cargas policiales en las fronteras, niños llorando… información que cortan para dar paso a nuevas imágenes de bombardeos y otras bestialidades bélicas.
Hay que ser un poco más serio, más exigente. El tribunal Planetario ya abordó en su momento el tema de la droga, y este tiene algo en común: deteniendo a todos los narcotraficantes del mundo no se conseguiría nada, pues al día siguiente tendrías en circulación otros tantos. Los problemas de fondo son otros, y es ahí donde cabe intentar hacer lago. Centrar el asunto en “combatir a las mafias que trafican con personas” es como darle aspirinas a un enfermo de sida: apenas nada, un simple placebo. No os toméis vuestra ración de placebo periodístico y os vayáis a la cama tan contentos, teneros un poco más de respeto a vosotros mismos.
Y lamento si mis reflexiones abonan vuestro insomnio. Pero acaso solo estando alerta y despiertos tengamos alguna posibilidad de hacer que las cosas realmente cambien, algún día.
Vamos con ello:
Es obvio que los problemas están en el origen, en los países de donde esa gente sale como puede. Y también es obvio que no sabemos qué hacer para ayudar a resolverlos. Sus causas son variadas y complejas, y aunque Occidente tiene su cuota de responsabilidad no es en absoluto el único culpable: ese terrible cóctel incluye como mínimo los siguientes ingredientes:
  • Unas sociedades de base neolíticas, o como mucho medievales, por las que nunca pasaron ni la Revolución Francesa ni la Revolución Industrial.
  • Una Edad Media interminable, comandada por el mundo islámico, que convirtió África durante un milenio entero en una simple granja de producción de esclavos.
  • Un colonialismo feroz que extrajo cuanto pudo pero apenas dejó nada.
  • Una descolonización a la carrera, dejando aquello en manos de dictadores pelele, con el consecuente regreso a la fase de guerras tribales neolíticas previas a la etapa de granja de producción de esclavos.
  • Una Guerra Fría que usó aquello también —como el resto del planeta— como tablero de ajedrez.
  •  Un final de la Guerra Fría tan caótico como el de la era colonial.
  • Una sórdida y semi-secreta guerra neocolonial entre las potencias menores regionales, y singularmente, entre el “Irán chií” y la “Arabia Saudita suní” (por cierto: las referencias religiosas son una escusa, como lo fueron en Europa en su día lo de “católicos y protestantes”)
  • El resurgir medieval de las quimeras teocráticas.
Menudo pastel. Mejor dicho, menuda pastelería, pues para colmo tiene poco que ver lo que pasa en los estados fallidos de Somalia o Libia con la orgía psicopática de Siria, el pifostio plurinacional de los kurdos, el abismo paleolítico de Afganistán (esos aún no han llegado siquiera al neolítico)… Y eso sin entrar a valorar el inconmensurable retraso socioeconómico global de las tres cuartas parte de África.

No hay soluciones mágicas de ninguna clase. Los cospiranoicos y similares pueden soñar si quieren con coaliciones mundiales que acaben con los malos, con gigantescos Planes Marshal y cosas por el estilo. A mí, un pelín menos inmaduro aunque también portador de cierta dosis de utopía (de no ser así, no existiríamos ni este blog ni yo mismo), se me ocurren algunas líneas maestras de posible referencia:

  • Que EEUU intente olvidarse del papel de sheriff único mundial.
  • Que rusos y americanos acepten que la guerra fría acabó y se dejen de ajedreces geopolíticos, de ser amiguísimos de los enemigos de tus enemigos, etc.
  • Que las potencias regionales aprendan de la historia y entiendan que, juntas, podrían llegar más lejos. Y como referencia que miren a Europa, y que vean de lo que hemos sido capaces desde que dejamos de guerrean los unos contra los otros.
  • Que las grandes potencias mundiales —las dos de siempre y las nuevas— apoyen decididamente a los países árabes más civilizados, para que éstos puedan unirse y hacer un frente común contra los atavismos medievales, las guerras tribales y resto de lacras.
  • Desde aquí, armar un auténtico ejercito de cooperación condicionada… y que ésta sea muy, muy fuertemente condicionada: a las dictaduras ni un euro; y a los estados realmente democráticos, pastizal. A los que realmente se vuelquen en  el interés público, un pastizal; y a los corruptos y sectarios, ni un euro. A los que acepten y hagan cumplir los derechos humanos, pastizal; y a los que no, ni un euro. Etc. Todo ello con férreos mecanismos de control, no soltando la pasta al telepredicador o cacique amiguete de siempre para que se gaste la mitad en represión y la otra mitad en juergas, como ha venido siendo hasta ahora.
Si alguna extraña e imposible alineación de todos los planetas de la Vía Láctea hiciera que esas líneas maestras guiasen los derroteros de la política mundial, aún tendrían que pasar uno o dos siglos para que la situación actual cambiara radicalmente. Pero si no pasa algo de eso… lo mismo lo que faltan son uno o dos milenios.

Y a los criminales que trafican con gente, pues obviamente cera, lo mismo que aspirinas para los sidosos cuando se constipen. Pero luego, ¿qué tal si invertimos para tener cuanto antes la vacuna contra el VIH, en lugar de hacerlo en anuncios de aspirinas...?

miércoles, 19 de agosto de 2015

Enfermedades inventadas


Ya he dicho muchas veces que, en mi opinión, la humanidad no ha dejado de evolucionar —en todos los sentidos— desde que los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos salieron lago Turkana, hace dos millones de años. Pero nuestro progreso dista mucho de ser constante y homogéneo, e incluye con frecuencia pasos atrás, rodeos y tropezones. Pues bien, hoy voy a detenerme en uno de esos tropezones. Uno pequeñito pero significativo: las enfermedades inventadas; algo que parece fruto al tiempo de una ingesta desordenada de información mal digerida, y del contumaz oportunismo de los de siempre: de ese porcentaje de congéneres parásitos que cargamos entre todos, lo que sin duda contribuye a la lentitud de nuestro avance.
El origen de este dislate es otro aún mayor: la “Fe en la Ciencia”. Pero ¿cómo puede tener nadie “Fe en la Ciencia”? ¿Cómo es posible que haya quien que no sepa que la famosa “Ciencia” no es sino una advocación del conocimiento, otro de los nombre del saber, de lo aprendido y constatado? Para mí que este bucle barroco de idiotez e ignorancia parte del retroceso global de lo espiritual y del intento de sustituir a los iconos mágicos e indescifrables por otros más sólidos y creíbles, pero que al final se usan para las mismas funciones.
Intentaré ir un poco más despacio, para aclarar el embrollo anterior.
Desde siempre, el hombre ha tenido a su alrededor un universo constatable y fácilmente comprensible, y otro oscuro e inexplicable. Así, las evidentes relaciones causa-efecto le permitían entender que el agua mojaba y el fuego quemaba; pero no tenía manera de interpretar porqué la gente moría o porqué el sol salía y se ocultaba a diario. Para dar explicación a lo inexplicable el hombre inventó la magia, una de cuyas ramas, la encargada de dar una justificación a nuestra existencia, es a lo que llamamos religión. Pero a medida que este primate curioso fue afinando en el esclarecimiento de relaciones causa-efecto más sutiles, lo mágico fue perdiendo terreno. La naturaleza real de las enfermedades y de los movimientos de los astros fue poco a poco desvelada, y dejaron de ser necesarias explicaciones intuitivas e indemostrables para esos asuntos. (Tranquilos, amigos creyentes —de una forma que me costaría que entendierais, soy de los vuestros–— siempre nos quedará al menos un rincón inexplicable: “si nadie creo todo esto, ¿qué hace aquí?, y además, ¿para qué está?”)
El proceso al que me estoy refiriendo, que no es otro que el del conocimiento, es en definitiva el mismo al que aludía al inicio de este escrito: el que nos ha traído hasta aquí.

Pero lo anterior, aun siendo globalmente “bueno” (supongo que eso es incontestable, aunque lo entrecomillo porque cuando entran en juego ética y moral todo pasa a ser relativo), se vio afectado por una fuerte resistencia al cambio: habían sido demasiados milenios creyendo en el origen espiritual de las enfermedades o en el poder de los astros sobre nuestro destino, y la humanidad, además de su querencia a lo de siempre, tenía una auténtica hipertrofia del músculo de la fe. Necesitaba algo en lo que poder volcar su vocación mágico-fantástica, de origen inmemorial y que tan útil había sido siempre para tranquilizar y cohesionar al grupo. Y hete aquí que, para huir de su orfandad, haciendo la pirueta más surrealista que pudiera imaginarse, a la humanidad se le ocurrió la genial idea de convertir al conocimiento en su nuevo Dios, con todas sus consecuencias, incluida su naturaleza esotérica, todopoderosa, inexplicable… Suena a coña, pero es literalmente así. Y ello fue posible porque el conocimiento, tras desentrañar cosas cercanas y sencillas que todos podían constatar, fue dando paulatinamente explicación a asuntos menos obvios.
¿Alguno de los presentes ha visto, con sus propios ojos, un virus de la gripe? ¿Cuántos habéis podido constatar, personalmente, que las aves son descendientes de los dinosaurios? ¿Y cuántos habéis medido la distancia que separa la Tierra del Sol, o el perímetro de estos objetos celestes?
Yo acepto la evolución de las especies, o que la Tierra es una esfera, porque hay abrumadoras evidencias en ese sentido. Pero no “creo” en tales cosas, no son ninguna clase de artículo de fe, como tampoco “creo” que exista China o que Colón navegase hasta América, y me limito a aceptar como ciertas tales cosas aunque nunca haya viajado tan lejos, ni en espacio ni en el tiempo. Bueno, pues eso que parece bastante obvio, por lo visto no lo es, y al final resulta que la gente “cree en la Ciencia”; y lo que es aún más divertido, incluso “no cree”, lo que evidencia una delirante sacralización de la cosa.
El Dios de lo intangible parece haber muerto, pero por suerte tenemos un sustituto ¡Ufff... estamos salvados!: El Saber es mi pastor, nada me falta, y amaré al Conocimiento por encima de todas las cosas. No hay más Dios que El Saber, y Los Científicos son sus profetas.
Mi nuevo Dios, como los anteriores, tiene respuesta para todo. Todo sucede por algo, y si acudo a alguno de sus sacerdotes, como siempre hice, seguro que me indicará qué es lo correcto y la pauta a seguir para resolver mi problema.
Padre, mi hijo se distrae mucho en clase, es muy inquieto, no se centra… “Tranquila, hermana. Tu hijo padece TDAH, trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Para ello hay tratamientos conductuales, así como otros basados en cambios de dieta… aunque lo más eficaz es la vía farmacológica: Ritalina (metilfenidato), Adderall (l-anfetamina), Dexetrina (metanfetamina)…”
Antes de la reconversión planetaria a la nueva religión, también había niños inquietos, por una u otra razón. La vida se encargaba, como siempre y como podía, de enderezar a la inmensa mayoría, aunque algunos de ellos nunca cambiaban, acaso por tratarse realmente de enfermos con problemas neuronales serios (¿uno de cada mil…? ¿uno de cada cien…?) Pues bien, nuestros nuevos sacerdotes estiman que más del 5% de nuestros hijos padece esa inventada dolencia (hay descerebrados por ahí que elevan la cifra al 33%). Extraordinaria noticia para Novartis, Shire Pharmaceuticals o Smithkline, fabricantes de los fármacos citados.
Padre, mi mujer ya no es la de siempre. Su interés por el sexo es mínimo… ya no sé qué hacer… “Tranquilo, hermano. Tu mujer padece TDSH, trastorno de baja lívido ocasionado por  un descenso en su producción de testosterona. Su cura es compleja, aunque pueden conseguirse notables mejorías con cambios de dieta y de hábitos, así como mediante tratamientos hormonales sustitutorios…”
A nadie le gusta envejecer, y para una mujer pasar de los cincuenta conlleva alcanzar la menopausia y que su cuerpo sufra transformaciones de todo tipo. Su deseo sexual irá indefectiblemente a menos, aunque cuánto y cómo sucederá eso variará notablemente en cada caso. La vida saludable siempre es obviamente recomendable, y uno puede ayudarla con complementos vitamínicos… aunque en mi opinión la paciencia, un buen vino y mejor compañía son la mejor alternativa posible. Y por encima de todo: que tu lívido baje con la acumulación de las décadas es completamente natural, no es ninguna enfermedad.
Padre, mi marido ya no es el de siempre. A él le da vergüenza reconocerlo, pero sus erecciones no son ni tan firmes ni tan duraderas como solían. Y en ocasiones, ni eso… “Tranquila, hermana. La disfunción eréctil, o DE, de tu marido, es algo muy común en estos tiempos, y obedece a multitud de causas (dejando al margen diabetes, esclerosis y otros problemas graves): estrés, malos hábitos… Por suerte, hoy en día la farmacopea es capaz de resolver de forma sencilla este tipo de problemas…”
 Exceptuando casos singulares, la DE viene a ser la imagen especular de la TDSH, y las conclusiones son las mismas: la vida es así, y cumplir años no es ninguna enfermedad. Un buen vino, buena compañía, paciencia… y a sacarle en cada momento a la vida lo que ésta pueda realmente ofrecerte, sin exigirle en vano lo veas por la tele o lo que te cuenten.
Otros ejemplos de no-dolencias elevadas a tal cosa por una mezcla de ignorancia e intereses bastardos:
 “El colesterol a más de 200”: Eso es sólo un dato, un hipotético factor de riesgo, o como mucho un síntoma, pero no una enfermedad. Todo parece apuntar a que tener altos niveles de colesterol en sangre aumenta las posibilidades de padecer trastornos circulatorios. Pero es objeto de intenso debate científico hasta qué punto eso es realmente así, en qué condiciones, qué relación hay con la dieta, cuáles son los niveles peligrosos y cuáles no… Yo, lo reconozco, tomo diariamente Simvastatina, y me hago al menos un análisis al año (tengo muchos antecedentes familiares de infartos) Pues bien, hasta el 2012, los niveles de referencia señalaban la banda 125-240 como normal para el colesterol total, pero desde entonces para acá la banda de normalidad ha pasado a ser 100-210. O sea, que hace tres años millones de personas que se acostaron sanas se levantaron “enfermas”… y los vendedores de yogures milagrosos y de estatinas sintéticas, multimillonarios. Qué casualidad, ¿verdad?
La alopecia”: Que se te caiga el pelo, al igual que que se te decolore, no es sino otra consecuencia natural de la edad. Yo tengo amigos que ya tenían el pelo blanco, y poco, a los treinta, mientras que otros siguen siendo osos como yo pasados los cincuenta (encima, como soy rubio, mis muchas canas se disimulan bastante) Si no te gusta lo que hay, pues no pasa nada: te tiñes, te depilas, te pones un gorro o lo que se te ocurra y puedas; pero créeme: eso no es una enfermedad (salvo casos obviamente extremos).
“La depresión”: Tranquilos, que no me he vuelto loco: la depresión existe como enfermedad, y muy grave, y se corresponde con un trastorno anímico severo que puede obedecer a múltiples causas, tanto genéticas como psicosociales. Peeero, por donde no paso, ni de coña, es por esa especie de imbecilidad planetaria de considerar a la tristeza una enfermedad. Si se te ha muerto un ser querido, ¿cómo no vas a estar triste? Si has perdido tu casa o tu trabajo, si tu amor te ha abandonado… ¿cómo coño no vas a estar hecho polvo? Pero, ¿qué tendrá que ver eso con una enfermedad? ¡Es la vida misma! ¿O acaso cuando empiezan las vacaciones y rebosas de alegría, estás enfermo de euforitis? Si tienes ganas de comer, ¿padeces hambritis? Todas las noches ¿sufres un acceso de sueñitis? La vida es así, y estar triste, a no ser que seas una piedra insensible, será una de tus formas habituales de estar vivo. Si tienes suerte, sólo te pasará durante un diez por ciento o menos del tiempo; y si la fortuna no te sonríe (pensemos en países en guerras interminables, en enfermos crónicos…), pues puede que te pases más tiempo triste que alegre. Y volvemos a lo de siempre: tienes todo el derecho del mundo a intentar escapar de tu tristeza, y hay miles de remedios más que testados para ello, desde viajar, cambiar de aires, conocer nuevas gentes, buscar razones para vivir (obviamente, también beber, comer, etc.) Pero si tu tristeza tiene una o varias causas nítidamente identificables, créeme: tú lo que estás es jodido, no enfermo. Plántale cara a la vida, duro con ella. Pero aléjate de las farmacias.
 “La homosexualidad”: Este sí que es un tema peliagudo, cuyo solo índice podría ocupar diez páginas. Pero me limitaré aquí a un simple apunte: en este caso, la medicalización del asunto obedece claramente a un premeditado desprestigio: el homosexual no es que sea diferente, alguien minoritario pero equivalente a ti en todos los sentidos, como podrían serlo los pelirrojos o la gente que mide más de dos metros, sino que se trata de un enfermo. Pobrecito. No deja de ser una perspectiva un poco menos brutal y primitiva que la históricamente dominante (considerar al homosexual un monstruo culpable merecedor de castigo), pero en el fondo es igual de perversa, y bien adaptada a los tiempos modernos: nuestro nuevo Dios, la Ciencia, determina que los raritos lo que son es enfermos. Dentro de poco Pfizer, Roche o alguna otra sacará al mercado el tratamiento definitivo para su cura. Entre tanto… ¿qué tal una lobotomía…?


La vida, ella solita y sin necesidad de inventos, ya es lo suficientemente dura. No vayas al médico porque sí, a ver “qué tienes”, porque ten por seguro que como lo hagas te dirá que tienes algo. Luego te recetará lo que corresponda, convencido de que te está ayudando. Porque si tú te crees que “lo tuyo” tiene nombre y un protocolo de tratamiento, que ya estás poniendo en práctica, de hecho pasarás a sentirte mejor. Es una de las variantes del conocido efecto placebo. Y todos tan contentos, incluida la Ciencia, reforzada en su papel de nuevo Dios que todo lo sabe y todo lo puede, sus fieles… y por supuesto los vendedores de fármacos, yogures, cremas, lociones…

Lo dicho: ¡Salud…!

miércoles, 22 de julio de 2015

SENTENCIA 2/2015, DE 22 DE JULIO, DEL TRIBUNAL PLANETARIO, RELATIVA A LOS TOROS

PREÁMBULO
Con fecha 7 de julio de 2015, fue presentado en las oficinas centrales de este Tribunal escrito firmado por la Comisión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, instando resolución respecto a un asunto que la referida Comisión entiende como Universal, de ámbito no exclusivamente penal y naturaleza adecuada para el análisis, consideración y sentencia por parte del Tribunal Planetario: Los Toros.
Cumpliendo con los estatutos y procedimientos del preste Tribunal, el asunto planteado por la Comisión ha sido objeto de serenos y profundos análisis durante el pazo preceptivo de dos semanas.
En un lugar cualquiera del Planeta Tierra, pero universalmente accesible en actual era de la globalización de la información, el TRIBUNAL PLANETARIO, reunido en pleno, dicta la presente SENTENCIA.
RESULTANDOS
1º Bajo la denominación genérica de “Los Toros” –en adelante Festejos Taurinos, o Tauromaquia- son conocidos un conjunto de ritos y festejos en los que se emplean ejemplares de la especie Bos taurus, criados expresamente para este fin. Las Fiestas taurinas conllevan siempre el enfrentamiento ritualizado entre hombres y animales, y se celebran exclusivamente en nueve países: España, Francia, Portugal, México, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Panamá (excepcionalmente, también en Estados Unidos, Filipinas y China). En otros países y ámbitos culturales se desarrollan otras actividades que también se basan en el enfrentamiento ritualizado entre bóvidos y hombres, como el rodeo Chileno o el Estadounidense, que también se practica en la mayor parte de América; pero sus características les hacen muy diferentes de la Tauromaquia, por lo que no serán consideradas por la presente sentencia.
2º La Tauromaquia hunde sus raíces en la Edad de Bronce, y durante milenios se practicó por todo el entono cultural mediterráneo. Paulatinamente, este tipo de ritos fueron abandonados, excepto en la Península Ibérica y territorios adyacentes. Las actuales Fiestas Taurinas siguen patrones establecidos entre finales de la Edad Media y el Siglo XVIII.
4º Entre los pueblos ibéricos, el peso cultural de la Tauromaquia ha sido y continúa siendo inmenso, a todos los niveles. El propio idioma español tiene incorporados una cantidad ingente de términos y expresiones taurinas, y son numerosos los estudiosos que establecen vinculaciones entre la Tauromaquia y la propia manera en la que los hispanohablantes conciben el mundo. A título de referencia: la pintura de Goya o la de Picasso, al igual que la poesía de Lorca o Alberti, serían incomprensibles si se desligan del universo taurino.
5º Parece muy improbable que los toros bravos hubieran sobrevivido al desarrollo de las sociedades humanas, de no haber sido por la Tauromaquia.
6º Hasta que llega el momento de su tortura y muerte durante los Festejos Taurinos, estos animales reciben un trato excepcionalmente amable respecto al que es habitual para los animales ganaderos. Su vida, en estado semisalvaje pero llena de atenciones, suele durar entre 3 y 5 años, que viene a representar entre un cuarto y un tercio de su máximo potencial; lo cual es entre cinco y diez veces más de lo que dura la vida de otros animales ganaderos –pollos, cerdos, corderos…- respecto a sus potencialidades naturales. Y la corta vida de los ejemplares de estas otras especies, destinadas exclusivamente a servir de alimento, es absolutamente miserable, en comparación con la de las reses bravas.
7º La ritualización del enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza salvaje, sublimada a través de los Festejos Taurinos, se encuentra cargada de múltiples simbolismos: la exaltación del poder y el valor, la supremacía del hombre, etc. Estos enfrentamientos, salvo excepciones, son deliberadamente sangrientos, terminando con la muerte de los animales; y accidental u ocasionalmente, también con la de algún humano. En definitiva, la Tauromaquia, obviando su dimensión estética o artística, mezcla el ensalzamiento del coraje y la templanza con la crueldad y la fascinación que producen el peligro, el dolor y la muerte.
8º Ya desde sus orígenes, la Tauromaquia ha contado con detractores, como también los tuvieron en su día los espectáculos circenses romanos. Aquellos opositores históricos basaban su rechazo en considerar a los Festejos Taurinos una exaltación de la crueldad y los más bajos instintos, que además suponían un peligro gratuito para la integridad de las personas. La falta de unanimidad respecto a lo respetable o reprobable de estas Fiestas queda evidenciado por el hecho de que, a lo largo de la historia, han sido alternativamente prohibidas y autorizadas en diversas ocasiones, tanto a nivel local como nacional.
9º A partir de la mitad del Siglo XX, a los detractores tradicionales de la tauromaquia se les han unido aquellas corrientes sociales basadas en la protección de la naturaleza en general, y de los animales en particular. La fuerza de estas corrientes sociales, que entroncan con otras pulsiones humanistas de gran calado (movimientos en defensa de la igualdad entre hombres y mujeres, movimientos antirracista, antihomofobia, etc.), ha determinado que la Tauromaquia pierda globalmente prestigio, y que en numerosas zonas haya sido objeto de limitaciones y prohibiciones. Cierto es, no obstante, que en ocasiones se detectan intereses bastardos detrás de dichas prohibiciones por parte de las Administraciones promotoras de las mismas, como los de aparentar “modernidad” o intentar destacar “claras diferencias culturales” respecto a comunidades vecinas, con vistas a la obtención de posteriores réditos políticos.
10º Pese a las circunstancias anteriores, los defensores de la Tauromaquia cierran filas en su defensa, esgrimiendo por lo general -también de forma interesada- su valor cultural como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, además de otras particularidades ya expuestas en otros apartados: la irrelevancia del dolor de los toros en la lidia frente a la vida previa que llevan, etc. 
CONSIDERANDOS
1º El hecho de que una determinada institución social posea un elevado valor cultural y tradicional no es argumento suficiente como para considerarla merecedora de perpetuarse indefinidamente. Piénsese en la esclavitud, institución social sólidamente asentada en la antigüedad clásica y que perduró a nivel planetario hasta mediados del Siglo XIX: sin duda se trataba de un fenómeno sólidamente arraigado a todos los niveles (la economía, todas las artes… y también todos los idiomas y la perspectiva desde la que cada individuo conceptuaba la realidad), en medida ciertamente superior a lo que pueda haberlo hecho nunca la Tauromaquia. Pues bien, la esclavitud quedó atrás como fruto de la evolución de la civilización y de las sociedades humanas, y todas las pérdidas culturales, patrimoniales, sociales o económicas que ello pudiera suponer en su momento, son universalmente consideradas nimias frente a las ventajas alcanzadas gracias a ese paso social evolutivo.
2º Parece de todo punto contrario a la evolución del ser humano la exaltación del dolor, la tortura y la muerte. Estos actos extremos han fascinado desde siempre al hombre, acaso precisamente por lo que tienen de definitivo, y de ahí el uso de las ejecuciones públicas como espectáculo, y la constante de la sangre y la muerte en tantos actos sociales, desde ritos sagrados de ofrenda a los dioses hasta actos festivos populares: luchas de gladiadores, peleas de perros y de gallos, acosos de osos o de toros… En todo el planeta, en todas los ámbitos legales y culturales, la tendencia ha sido acotar, regular y finalmente terminar por prohibir este tipo de actos, desde el convencimiento universal de que nada aportan al desarrollo del individuo (ni físico, ni emocional, ni espiritual), y que tan solo posibilitan reiterar en el error de que, el dolor ajeno, la muerte del otro, ya sea hombre o bestia, refuerza el poder del que asiste a ello, y del grupo que la organiza y administra. Todas las sociedades, a medida que evolucionan, han seguido en paralelo ese mismo criterio: el dolor ajeno no puede ser fuente de gozo ni de autoafirmación de poder. La empatía con el que sufre, por el contrario, sí es deseable fuente de gozo, y secreta fuente de poder.
3º El hecho de que la Tauromaquia pudiera dejar de existir tal, como la conocemos, nuca tendría efectos retroactivos sobre el arte, sobre el lenguaje, o sobre cualquier otro ámbito. Lorca ya escribió “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” y Goya ya pintó sus “Tauromaquias”, y eso no tiene vuelta atrás, de la misma manera que los cantos de los esclavos africanos en los algodonales del sur de Estados Unidos fueron la base de Góspel y el Blues, y tales estilos musicales y sus múltiples derivados continúan vigentes y evolucionando, siglo y medio después de la abolición de la esclavitud. “Coger el toro por los cuernos”, “lanzarse al ruedo”, “tener querencia”, “mansear” o “recibir un puyazo”, seguirán formando parte del español dentro de cinco siglos, como lo son en pleno siglo XXI “arrieritos somos…”, “chivo expiatorio” o “cabeza de turco”, por mucho que haga ya siglos que quedó atrás el contexto cultural que dio sentido a tales expresiones.
4º No parece realista considerar que la exitinción —incluso radical— de la tauromaquia se tradujera en la extinción de los toros bravos. Cierto es que sus poblaciones se reducirían notablemente, al dejar ser el preciado objeto mercantil que ahora mismo son. Pero hace ya mucho tiempo que tampoco son comercialmente útiles en ningún sentido ni osos ni lobos (por poner dos ejemplos del ámbito hispánico), y no se han extinguido. Para preservar a los toros bravos tendrían que crearse espacios naturales específicos, en los que la presencia humana debería estar rigurosamente controlada, dada la peligrosidad de estos animales. Pero esto no es nada novedoso; y como referencia, piénsese en las reservas africanas o asiáticas que acogen animales igual o más peligrosos que los toros bravos.
5º Los aficionados a la tauromaquia no son crueles sanguinarios que acudan a ese tipo de fiestas para regodearse disfrutando del dolor y la muerte ajena. Simplemente, esos componentes se diluyen y pasan para ellos a ser una parte “poco significativa y perfectamente asumible”, en el marco de un espectáculo de exaltación del valor, depurada estética y un sinfín de sutiles reglas cuyo conocimiento y valoración saborean como sibaritas ante un banquete. Este hecho permite considerar que, si se libera a la Tauromaquia de sus componentes truculentos, su resultado final acaso pudiera aún con todo cubrir un 90% de las motivaciones e intereses que mueven a sus partidarios. Y además, pasaría a ser una realidad universalmente respetable y acorde a la evolución humana general, en cierto sentido equiparable al alpinismo o la navegación: actividades arriesgadas, comprometidas, que exaltan el valor, que conforman una ritualización aceptable de la lucha del hombre contra la naturaleza salvaje… pero que excluyen el dolor o la muerte de nadie como mecanismos para la reafirmación del propio poder.
6º El camino a través del cual conseguir preservar la mayor cantidad posible de los elementos que conforman el universo de la Tautomaquia, pero liberándolo de sus facetas humanamente inaceptables, es el deporte. El deporte, que en realidad, y con carácter general, no es otra cosa que la ritualización de la guerra, constituye el marco perfecto para reconvertir la Tauromaquia en algo social y planetariamente aceptable, manteniendo la mayor parte de su esencia pero eliminando los elementos específicos de tortura y muerte. El rodeo chileno es, absolutamente, un deporte y podría ser una referencia perfecta para enfocar el asunto. Piénsese en festejos y actividades como los encierros, los recortes, e incluso la lidia a la portuguesa, sustituyendo el empleo de banderillas y rejones por marcas adheribles al pelaje de los toros. Todo eso podría reglarse con relativa facilidad, para convertir la tauromaquia en un conjunto de actividades deportivas.
7º El hecho de que la Tauromaquia se reconvirtiera en un conjunto de deportes y pruebas, como el atletismo, no evitaría por competo cierto sufrimiento de los animales participantes en las mismas (ni tampoco de los humanos). Sin duda. Pero ir en contra, también, de ese acotadísimo sufrimiento, que en todo caso sería mil veces inferior al de una gallina ponedora o al de un felino enjaulado en un zoológico, pertenece ya a una corriente muy minoritaria y absolutamente espiritual de defensores de “la igualdad de derechos de animales y humanos”, que excede el ámbito de la presente Sentencia. En todo caso, este Tribunal quiere aprovechar la ocasión para, desde su amplia y poliédrica perspectiva, hacer algunas reflexiones respecto a esa clase de extremismo integrista del panecologismo bienintencionado e indocumentado:
  • El hombre es un primate omnívoro. La exótica y empecinada opción de alimentarse sólo a base de elementos animales o vegetales, ya sea por necesidad o motivaciones ideológicas o espirituales, es algo viable, pero complejo, antinatural y extremadamente sofisticado.
  • La vida es un continuo, una sutil estructuración de la realidad capaz de autoperpetuarse; y las líneas que separan priones de virus, virus de procariontes, procariontes de vegetales, vegetales de animales… son tremendamente sutiles.
  •  Vida y muerte son fases de un mismo ciclo. La una sin la otra es inviable, como es inviable un mundo sólo de vegetales o sólo de animales.
  • Cuando un hombre santo se arrodilla para rezar, mata por aplastamiento a miles de ácaros y otros seres microscópicos. Cuando alguien llena sus pulmones, ya sea para maldecir o para bendecir, aspira una ingente cantidad de microorganismos que nuestro sistema inmunológico se apresta a exterminar.

RESOLUCIÓN
1º En el plazo de CINCO AÑOS a contar desde la fecha de publicación de la presente SENTENCIA, QUEDARÁN ABOLIDAS A NIVEL PLANETARIO LA TOTALIDAD DE LAS FIESTAS TAURINAS QUE CONLLEVEN LA TORTURA Y MUERTE DE ANIMALES.
2º Durante los cinco años que mediarán entre la publicación de esta sentencia y la ilegalización planetaria, total y absoluta, de cualquier tipo festejo taurino que conlleve la tortura y muerte de animales, los Estados deberán adaptar sus legislaciones, tanto para que éstas den acogida a la presente sentencia como para establecer un marco adecuado para el desarrollo de las actividades taurinas aceptables: encierros, recortes, acoso y derribo, modalidades de rodeo, lidia a la portuguesa sin rejones, etc. Se sugiere tomar como punto de partida los criterios empleados en el deporte conocido como Rodeo Chileno.
3º Durante estos cinco años de transición, deberán crearse las correspondientes Federaciones Regionales, Nacionales e Internacionales que articularán las nuevas modalidades taurino/deportivas, siendo la primera tarea de las mismas articular los reglamentos internos de funcionamiento institucional, así como las reglas de competición de cada una de las especialidades.
En cualquier parte de la Aldea Global, a 22 de Julio de 2015


Fdo: EL TRIBUNAL PLANETARIO

viernes, 10 de julio de 2015

Ne me quitte pas (versión sorprendente)

Queridos todos, vale ya de tanto pensar y arreglar el mundo. Vamos con un poco de música.

El otro día, 26 de junio de 2015, tuvimos la oportunidad de actuar por primera vez juntos mi maravillosa compañera Isaura Sulz y yo, acompañados por mi buen amigo y mejor percusionista Paul Hench. La cosa tuvo lugar en un local abiertamente recomendable, especialmente si te gusta la cerveza de verdad (fabrican ellos, allí mismo, media docena de variedades que están totalmente de traca), llamado El Taller de Cerveza, en Los Molinos (Madrid).

La actuación al completo fue grabada... pero me temo que demasiado profesionalmente, de modo que su edición está yendo bastante despacio. Pero al menos ya tenemos algún adelanto, que quiero iros enseñando. El vídeo está colgado en youtube (poner "Ne me quitte pas Miguel Ángel Ferradas·, y daréis con él), pero voy a ver si soy capaz de colgar aquí un enlace directo.
Pues eso, lo dicho: que no me dejéis... que aún tengo bastante jugo que soltar, si se me sabe exprimir.

martes, 7 de julio de 2015

La ONU realiza su segundo encargo al Tribunal Planetario: Los Toros

La Comisión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por medio de la presente, pone a consideración del Tribunal Planetario la que será la Segunda Causa sobre la que deberá pronunciarse: LOS TOROS.(Causa 02/2015)
El toro bravo, desde la Edad de Bronce hasta la actualidad, ha venido constituyendo un elemento sustantivo de numerosas culturas mediterráneas. La forma en la que los grupos humanos de esa región del planeta se han relacionado con estas singulares razas de bóvidos ha ido variando a lo largo de la historia, con una evolución constante de ritos centrados en el enfrentamiento entre hombres y bestias, que siempre combinaron la admiración y el temor, la valentía, el poder y otros valores de gran significación social.
Desde mediados del siglo pasado, en todo el ámbito occidental se han venido desarrollando una serie de movimientos sociales de calado hondamente humanista e íntimamente relacionados —ecologismo, pacifismo, defensa de las minorías étnicas, movimientos antirracistas, antiomofobia, en favor de la igualdad de derechos de las mujeres, etc.— entre los que se integran los movimientos en defensa de los animales; y éstos últimos, chocan frontalmente contra las tradiciones taurinas.
En un contexto como el actual, en el que lo relativo a la tauromaquia ha perdido la aceptación e implantación que poseía, creciendo por el contrario los movimientos contrarios a la misma, procede adoptar una resolución global que permita tomar decisiones, sobre la base de tres posibles escenarios:
  1. Mantener de las tradiciones, incorporando si procede los acotamientos y/o limitaciones que corresponda.
  2. Articular los medios para ir hacia su completa extinción.
  3. Redefinir o adaptar las actuales tradiciones de forma que compatibilicen del mejor modo posible la conservación del legado cultural que constituye la tauromaquia con las nuevas sensibilidades sociales.
Se espera del Tribunal Planetario una decisión fundada y argumentada que permita un enfoque global y universal del problema, capaz de dar solución general al conflicto, incluidas sus múltiples implicaciones y colateralidades.
Cumpliendo con las normas que rigen el funcionamiento del Tribunal Planetario, la sentencia deberá ser publicada antes de QUINCE DÍAS, a contar desde la fecha de emisión del presente comunicado; lo que se corresponde con el 22 DE JULIO DE 2015.
En New York, a 7 de Julio de 2015
Fdo: La Comisión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas

domingo, 28 de junio de 2015

La vida engorda

Ya ha empezado el calorcito, abren las piscinas, se acercan las vacaciones, y ya tenemos en el horizonte cercano la amenaza de salir en las fotos como felices cetáceos, cosa que a ninguno nos hace la menor gracia. Por ello, supongo que ya andaréis todos y todas (como dicen ahora los acomplejados y acomplejadas esa entelequia de la igualdad; tema enjundioso que ya atenderé en su momento), en plena operación biquini/bermuda; o luchando por procrastinar el asunto algunos días, antes de que sea inevitable.
Pues señoras y señores, este biólogo se propone ofrecer desde aquí su meditado y argumentado punto de vista respecto a un aspecto clave de esta áspera cuestión; a saber: No estáis ni la mitad de gordos de lo que creéis.
Esos volúmenes tan reprobables y socialmente inaceptables que lucís están casi siempre muy cerca de lo que corresponde; porque tenéis la edad que tenéis, y es casi imposible, además de perverso, que vuestro cuerpo finja tener varias décadas menos de las que tiene.
Una cosa es la gente que tiene la desgracia de haber nacido con un metabolismo perverso —y son gordos o esqueléticos desde siempre, como otros miopes o sordos— y otra es eso de volverse gordo con el paso del tiempo, especialmente después de los cincuenta. En este escrito me voy a referir a los segundos, reflexionando sobre qué es eso de estar gordo y qué no a partir de cierta edad. Advierto desde ya: aunque daré un montón de datos objetivos e incuestionables, MIS DEDUCCIONES Y CONCLUSIONES SON EN UN 90% ANATEMAS PARA LA VERSIÓN OFICIAL.
Para empezar, ¿porqué es inaceptable estar gordo? Muy sencillo: los gordos no son deseables, no son sexualmente atractivos (hablo en términos generales), y además son gente insana y culpada de descuido  ¿Qué otra explicación podría tener, si no, su gordura? Es obvio que los gordos no se cuidan, comen demasiado y hacen poco ejercicio. Vale, pues ya tenemos la primera en la frente: eso es rigurosamente falso, como luego argumentaré.
Para seguir, ¿qué es estar gordo? Medir 1,70 m y pesar 100 kilos obviamente lo es. Pero ¿qué sería lo correcto para una persona de esa altura? ¿60 kilos u 80? Hay un montón de factores que habría que considerar, como sexo, raza, complexión, edad… Pero, en la práctica, la sociedad aplica uno solo: El peso correcto es el que esa persona tenía cuando estaba en su flor (seamos generosos, y pensemos que todos en algún momento lo estuvimos); lo que equivale a decir lo que pesaban ellas con 20 y ellos con 25. Para la altura puesta de ejemplo, la cosa quedaría más o menos en 60 para las mujeres y 65 para los hombres. Ese referente, que lo sano y deseable es aparentar tener eternamente veinte años, es un criterio estético moderno. Como referencia de que eso no fue siempre así, y para no citar como todo el mundo a las Gracias de Rubens, traeré yo aquí la célebre canción coral de Bienvenido Mister Marshall: “Americanos, llegan a España gordos y sanos…”

El auténtico quid de la cuestión es que no existe un peso ideal biológicamente incuestionable para los hombres o las mujeres de 50 años, porque tales seres somos un invento reciente que la evolución no había previsto.
Todas las especies, tanto animales como vegetales, están diseñadas para un determinado tiempo de vida. Es su programación natural, la duración razonable de la realidad que son. Un perro, si no tiene ningún problema singular, es normal que viva entre quince y veinte años. Un elefante, setenta. Ciertas tortugas más de dos siglos, y muchos insectos apenas unos días. Es fácil dar con una encina de dos o tres siglos, y casi imposible encontrar un chopo que pase de los cien años. Pues bien, el hombre, Homo sapiens sapiens, es un primate que, desde que surgió hasta la Revolución Neolítica (hace 10.000 años: fin de la última glaciación, invento de la agricultura y el urbanismo, etc.), rara vez pasaba de los cuarenta años. Sí, había ancianos de más de sesenta, como también muchos niños que morían antes de los tres. Pero los que alcanzaban la pubertad y llevaban una vida normal para su especie, solían caer antes de los cincuenta. En definitiva, cabría considerar que la “fecha de caducidad de fábrica” de nuestra especie tradicionalmente estuvo en torno a los 45 años.
Otro dato curioso que casi nadie conoce: la menopausia sólo se presenta en este planeta en nuestra especie…y en algunos mamíferos marinos. El porqué aparece en las ballenas piloto no lo sabe ni lo entiende nadie, pero para el caso de los humanos sí se cree tener una explicación: el hecho de que las hembras pasen un tiempo de su existencia dedicadas a ser abuelas, cuidando de los demás y conservando y enseñando conocimientos, en lugar de tener que invertir toda su energía en sacar adelante a su propia prole, constituye un hecho evolutivamente positivo, por lo que la selección natural tendió a asentarlo (eso, más o menos, es lo que postula la conocida como Teoría de la Abuela). Este proceso se ve retroalimentado por el aumento de la longevidad debido a las mejoras neolíticas en materia de alimentación, salud, refugio, etc., de manera que desde hace ya diez mil años empezó a ser frecuente encontrar gente de más de 50 años, incluidas abuelas menopáusicas; cosa que en las cavernas era insólito.
Lo anterior, el que la mayoría de los que llegaban a adultos muriesen entorno a la cincuentena, o poco más, permaneció invariable hasta hace apenas 200 años. Con la llegada de la Revolución Industrial la esperanza de vida de la humanidad aumentó notablemente, y este proceso creció de forma exponencial durante el siglo XX. Cuidado con el dato estadístico “esperanza de vida”, porque éste tienen en cuenta la duración de la vida de todos los miembros de determinado grupo, de modo que allí donde la mortandad infantil es alta la esperanza de vida es muy corta… al margen de que los que superan la pubertad lleguen a ancianos: en Somalia la esperanza de vida es 50 años, y la mortalidad infantil de 100 niños por cada mil partos, mientras que en España, en donde la esperanza de vida superan los 83 años, mueren sólo 3 niños de cada mil nacimientos.
Bueno, a lo que íbamos: resulta que ahora casi el 20% de la población de Homo sapiens sapiens —1.500 millones— tiene 50 años o más, cosa que a la evolución jamás se le había pasado por la cabeza que ocurriría. Recuérdese que nuestra especie lleva aquí cosa de 200.000 años (obviemos antepasados más o menos recientes), y si consideramos globalmente que a los veinte años nuestros ancestros ya estaban haciendo más gente, salen cosa de cinco generaciones por siglo; y para nuestros dos mil siglos de existencia, 10.000 generaciones. Bien pues desde la Revolución Industrial, la mejora global de la alimentación, las vacunaciones sistemáticas, etc., han pasado dos siglos; es decir, 10 generaciones. CINCUENTONES Y CINCUENTONAS: ¡ESTAMOS SIENDO INVENTADOS, SOMOS UNA COSA NUEVA… Y NO HAY  REFERENCIA ALGUNA DE A QUÉ DEBERÍAMOS DE PARECERNOS!
¿Cuál sería el aspecto razonable para un perro de 37 años, o un elefante de 150? Pues obviamente ninguno, tal cosa sería un ser absurdo, una abominación que, si acaso intuitivamente, acertamos a imaginar como algo infinitamente anciano y desgastado. Pero para el caso del hombre la cosa varía por una sencilla razón: este primate es una máquina de modificarlo todo, desde su entorno y los seres que le rodean hasta su propia naturaleza, con la intención irrenunciable de incrementar su confort, su calidad de vida y la duración de ésta. Somos los virtuosos del hedonismo biológico. Para el que ve mal, gafas y a seguir leyendo. A los sordos, sonotone y a estudiar música. Crecepelo para los calvos y depilación laser para los osos. Para cada enfermedad su cura correspondiente (algunas aún están en cocina, pero en seguida nos las servirán), que para eso estamos aquí, para durar y durar más que el conejito de Duracell, y además disfrutando. Qué queréis que os diga, no parece un mal plan, de modo que estoy seguro de que  a eso nos apuntamos todos.
Pero pasada nuestra fecha de caducidad natural, el metabolismo se nos desacompasa, y una de las primeras cosas que hace es acumular todo los nutrientes que puede, acaso en un intento desesperado de hacerte durar un poco más (tu pobre metabolismo cree realmente que estás en las últimas). Y ese juntar reservas para prolongar lo que teóricamente es un último asalto, es lo que normalmente llamamos michelines. No, queridos cincuentones y cincuentonas, no sois culpables de comer de más, y de hecho casi seguro que coméis notablemente menos que hace diez o veinte años: es que vuestro metabolismo ahora no deja escapar ni una sola caloría, además de esmerarse en gastar menos que nunca. Porque aunque sea cierto que no os movéis como lo hacíais con veinte años, vuestras vidas seguramente no son más sedentarias de lo que lo eran una década antes (poco suelen varias los hábitos entre los 40 y los 50), y sin embargo el ejercicio no os cunde, no os ayuda a adelgazar. Ese tipo de respuestas metabólicas también se producen en situaciones extremas, como hambrunas, guerras y demás: la gente es capaz de sobrevivir incluso años con dietas de menos de quinientas calorías al día, cosa teóricamente imposible. El metabolismo es así de plástico.
De modo que a la mierda con la idea asentada de que el que con cincuenta años luce tripita o cartucheras es culpable de glotonería y vagancia. ¿O acaso el que no ve bien de cerca a esa edad, es culpable de haber leído demasiado? Y los sordos, ¿lo son por haber oído demasiada música? ¿La culpa de la artritis es haber usado demasiado los huesos? ¿La acidez es fruto de nuestro empeño en comer picantes? ¿El insomnio se debe a que nos preocupamos en exceso? NO, NO, NO, Y MIL VECES NO. Todo lo anterior, simplemente, se debe a que la vida gasta. Vivir, gasta. Y además, engorda.
Venga, vamos a cambiar todo lo que haga falta para durar más y gozar más. De acuerdo: quiero mis gafas, mi sonotone, mis pastillas para los huesos, mi almax, mi dormidina… y ya puestos, pues ese regulador metabólico que llevan un porrón de tiempo fabricando y que no terminan de comercializar, capaz de hacer que mis tripas no crean que estoy en las últimas, activando todos los circuitos de emergencia, de manera que sigan funcionando como lo hacían no ya cuando tenía veinte años, sino treinta e incluso cuarenta; es decir, que mantengan su rutina de trabajo normal previa al descontrol que se produce al sobrepasar nuestra fecha de caducidad.
Entre tanto, y para aquellos cuyo minúsculo ego precise de la aprobación sexual popular, ahí tenéis la dieta de la alcachofa, la del pomelo, las dietas disociadas, sufrir como perros, comer mierda —y poca— sólo los días que toque, sudar y sudar en gimnasios, gastaros un pastizal en bicicletas de montaña y equipos de runner para destrozaros los tobillos por sendas de montaña pensadas para disfrutar de la naturaleza y no para otra cosa. Sois muy dueños de hacer el ridículo; pero no tenéis ni tendréis nunca más ni veinte ni treinta, y aunque dentro de diez siglos se hablará de la crisis de la obesidad de los cincuentones del siglo XXI como una anécdota histórica similar a la peste bubónica del siglo XIV (ambas cosas serias, pero evolutivamente anecdóticas), ahora es lo que os ha tocado vivir. Vuestros padres vivieron sin ordenadores y vuestros abuelos son antibióticos, y tampoco pasó nada. Asumid que vosotros vivís en le época previa al control médico/genético del envejecimiento y sus deterioros, incluido eso de engordar según pasan los años. Y ya está.
Hombre, os recomiendo que tampoco os dejéis ir sin más, que luego es terriblemente incómodo eso de jadear para atarse los cordones o aguantar la respiración hasta ponerse morado para las fotos. Cada cual sabe cuál es su talón de Aquiles: el chocolate, las galletas, la cerveza, el embutido… Pero huid de aquellos que os pongan como modelo al que intentar aproximarse al matrimonio Jolie-Pitt: esos no son gente como tú o como yo, son seres anómalos fruto de todo tipo de esfuerzos ingentes.
De momento, y hasta que la ciencia aparte de nosotros este cáliz, dejad de sentiros culpables de lo que no sois, y sobrellevar con naturalidad ese moderado incremento de vuestra humanidad: si pasados los cincuenta pesáis un 15% más de lo que pesabais con veinte años (*), en todas las tablas saldrá que sois unos enfermos, unos obesos culpables. Pero mirad un poquito a vuestro alrededor, recapacitad y ajustad como consideréis oportuno el 15% que os sugiero (seguro que al final tampoco lo movéis demasiado), y veréis como eso se aproxima mucho a la realidad que podéis constar.
En definitiva, que a todos los que andéis entorno al porcentaje de referencia que os sugiero, os digo que estáis estupendos, y que si alguien se componente a pagar la siguiente ronda, esta la pago yo.
¡Ah…! y a los vendedores de productos dietéticos, a los responsables de salones de belleza, gimnasios y clínicas, a los fabricantes de productos farmacéuticos y parafarmacéuticos, les informo de que hay lista de espera para matarme. Que se apunten en ella, esperen el sorteo y… ¡suerte!

(*) Ejemplos de mi disparatada perspectiva del aceptable 15%:
Si en tu flor pesabas:             …no tiene nada de raro que pasados los cincuenta peses:
50 Kg                            57 Kg
55 Kg                            63 Kg
60 Kg                            69 Kg
65 Kg                            75 Kg
70 Kg                            80 Kg
75 Kg                            86 Kg
80 Kg                            92 Kg
85 Kg                            97 Kg