viernes, 1 de mayo de 2015

La ONU anuncia la creación del Tribunal Planetario (política ficción)

Tras casi once años de reuniones secretas —ahora se sabe que el proceso se inició el 5 de junio de 2004— la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó anoche la creación del Tribunal Planetario, Organismo autónomo e independiente cuyo cometido será dictar sentencia relativa a problemas y conflictos no penales de índole Universal, sobre los que haya quedado de manifiesto la incapacidad de otros Organismos e Instituciones para alcanzar soluciones definitivas y aceptables para todas las partes en conflicto.

Los 193 estadios miembros se comprometen a aceptar las resoluciones del Tribunal Planetario, así como a articular todos los medios diplomáticos, legales, administrativos y financieros para conseguir que éstas efectivamente se cumplan.
Los conflictos sobre los que se deberá pronunciar el Tribunal Planetario serán exclusivamente los que la Comisión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, nombrada al efecto, presente ante dicho Tribunal. Se adelanta ya en este comunicado que quedarán excluidos como temas objeto de deliberación aquellos excesivamente genéricos, y acaso intrínsecos al ser humano (“el hambre en el mundo”, “las desigualdades sociales”, etc.), sobre los que no cabe esperar sentencia realista ejecutable, más allá de meras declaraciones de buena voluntad, de las que UN ya anda sobrada.
En la selección y nombramiento del Tribunal Planetario ha pesado decisivamente la experiencia acumulada por la Organización en la creación y funcionamiento de otros Organismos de alcance Universal. Resulta evidente que es IMPOSIBLE encontrar soluciones definitivas cuando son varias las opiniones que participan colegiadamente —la unanimidad, en este tipo de cuestiones, es solo un mito— y que tan perniciosa resulta la ignorancia como el exceso de conocimiento, pues el análisis, contraste y consideración de la infinidad de matices concurrentes bloquean indefectiblemente cualquier resolución. Eso no podrá pasar con el Tribunal Planetario, pues desde que la Comisión le comunique el nuevo caso a tratar, dispondrá de un máximo de QUINCE DÍAS para dictar sentencia, la cual será efectiva desde el mismo instante de su publicación, sin posibilidad de recurso ni apelación.
Con el objetivo de garantizar la imparcialidad del tribunal, los 193 estados miembros  de UN se comprometen a velar porque el Tribunal Planetario jamás pueda beneficiarse de los efectos o consecuencias de ninguna de sus sentencias.
Una vez efectuadas las anteriores puntualizaciones, por medio del presente comunicado se informa de que la Asamblea General ha resuelto otorgar la titularidad del Tribunal Planetario a un ente deliberador unipersonal, en el que concurren las siguientes características:
  • Suficientemente culto; pero sin llegar a sabio de ninguna materia
  • Suficientemente implicado con el destino de la humanidad; pero sin estar integrado en ninguna estructura u organización política o social.
  • Suficientemente apasionado; pero sin profesar ninguna fe concreta y refractario ante cualquier integrismo.
  • Suficientemente prudente; pero alejado de las perspectivas meramente contemplativas.
  • Suficientemente mestizo; como para no ser capaz de llamar a nadie “los míos”, salvo de forma circunstancial.
  • Amante al tiempo de la tradición y del progreso.
  • Sin nada que perder, porque nada tiene.

El ente deliberador unipersonal elegido es LA PERSPECTIVA DEL POLIEDRO
En un próximo comunicado se notificará cuál es el primer litigio sobre el que el Tribunal Planetario deberá pronunciarse.

En New York, a 1 de mayo de 2015


Fd: La Comisión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas

domingo, 19 de abril de 2015

Capítulo apócrifo de El Ministerio del Tiempo

Hala, ya nos han quitado el juguete. Para una cosa que se les ocurre realmente ingeniosa y diferente, van, la dejan cuatro días y nos la quitan. A saber cuál habrá sido el motivo. No creo que sea la pasta, porque en este caso el máximo valor del invento era la historia, los guiones, y casi todo se resolvía con pocos actores y pocos escenarios, la mayoría naturales.
Lo mismo algún lumbreras ha consultado el share y ha resultado que no se alcanzaban las cuotas previstas; lo que bien pudiera haber ocurrido por una simple razón: esta serie, a diferencia de la mayoría, está destinada a un público ni demasiado mayor ni demasiado burro, y mucha de esa gente ve la televisión básicamente a través del ordenador. Ya arremetí en su día contra esa entelequia llamada share (el que quiera revisar mi argumentación, que pinche aquí), y no lo haré ahora de nuevo; pero si existiera algo que compaginara el registro de los audímetros con las visualizaciones por internet, lo mismo se alcanzaba una perspectiva un poco más aproximada de la realidad.
Bueno, pues yo no me resigno, de modo que he decidió parir un nuevo capítulo para la serie, el IX, cuyo título será “Estrés laboral”. Ya sé que los ocho anteriores incluían en el título la palabra “Tiempo”, pero creo que el jueguecito que se estaba haciendo ya un poco pesado. Bueeeno, como título alternativo, y para hacerles un guiño a los padres del invento, dejaré ahí como opción al anterior “Demasiado tiempo trabajando”.
(Se hace inevitable una cuña previa: la proporción estándar entre un guión y una filmación es de una página por minuto. Para un capítulo de una hora, el guión desarrollado al completo necesitaría de no menos de cincuenta páginas; pero eso no cabe en una entraba de blog, de modo que me vais a permitir un conciso resumen, en donde ahorraré las descripciones y diálogos que pueda, yendo casi directo al grano)

Comienza el cuento…
Viernes, por la tarde, los funcionarios del Ministerio se despiden por los pasillos para regresar cada uno a su casa y a su tiempo. Alonso de Entrerríos le entra a su jefe, Salvador Martí, expresándole su sorpresa por el hecho de que, de lo que lleva visto, su tiempo fue el de mayor gloria para España, habiendo ido ésta continuamente hacia atrás desde mediados del siglo XVI. Salvador le intenta despachar con cuatro datos, que si ahora las cosas han empezado a mejorar algo, que si el más desastroso fue el XIX… Pero Alonso no se resigna y continúa pinchando, hasta que al final consigue enredar a Salvador para tomar un vino —que acabarán siendo unos cuantos— en un bar próximo al Ministerio.
A medida que corre el vino los dos compañeros de trabajo se van yendo arriba, indignados por la trayectoria histórica seguida por su amado país gracias a unos dirigentes incompetentes.
—Ahora, el peor de todos, de largo, Fernando VII ¡Menudo pájaro…!
—¿Pero no decíais que fue conocido como “El deseado”?
—Y lo era, cuando estaba preso en Francia y nosotros invadidos por los franceses. Claro que lo que nadie sabía era que durante su prisión, que fue más bien un exilio dorado, se dedicó a adular a Napoleón de forma indecente. Y tampoco podía saber nadie que a su llegada iba a dedicarse a armar una zapatiesta tras otra, a cargarse a cualquiera que no fuera un mero lameculos, a propiciar una sucesión de guerras civiles, a desenganchar a España de la historia… Un desastre. Si lo haría mal ese imbécil que durante su reinado perdimos definitivamente el imperio: ¡se sublevaron y se independizaron prácticamente todas las colonias americanas…!
Más vino y más indignación.
—Don Salvador, ¿porqué no cambiamos eso? Ya sé, está prohibido. Ordenes son ordenes, y lo que se manda ha de obedecerse, pero…
—Perdona que te diga, Alonso, pero eso no es así. Es decir, ordenes son ordenes, por supuesto; pero lo de que no se puede cambiar el pasado… ¡pero si el Ministerio lleva en realidad toda su vida haciéndolo…! Entendámonos, cosas de alcance limitado, no somos todopoderosos. Vaya que si hemos intervenido…
—Me dejáis perplejo…
—Cosas pequeñas, ya te digo; aunque de calado. Que si asegurarnos de que Felipe González llegara a tiempo a Suresnes… que si conseguir que Adolfo Suárez estuviera en la terna para que pudiera elegirlo Juan Carlos… que a Luis Aragonés le sucediese Vicente del Bosque…
—¿Comandantes de nuestros ejércitos…?
—En cierto modo… Calla, Alonso, calla y pide más vino, que me estás empezando a dar miedo.
Ambos quedan introversos en sus propias ensoñaciones, de las que emergen gracias de nuevo al ímpetu de Alonso.
—Don Salvador, ¡cambiemos la historia, démosle a esta gran nación el papel que le corresponde…!
—Por Dios, Alonso, que una cosa es ganar el mundial y otra cambiar los últimos dos siglos…
—¡Pero si darle golpes de timón a la historia es el deber de los hombres de honor, cuando están en condiciones de hacerlo…! ¿Qué otra cosa, si no, hizo Don Juan de Austria en Lepanto, Cristóbal Colón en las Américas…? Nosotros podemos hacerlo ahora, convirtiéndonos por azar en grandes. Dándole a España lo que por derecho siempre debió ser suyo. Y a cambio… ¿qué podemos perder?
Salvador mira a un horizonte que sólo él ve. Se acaba de un trago su vino.
—¡A la mierda, Alonso! ¡Al Ministerio…!


Camino del Ministerio, el Subsecretario de Misiones Especiales le da a su subordinado las instrucciones necesarias para hacerse en los almacenes con un lanzacohetes Instalaza Alcotán-100, y reunirse con él después frente a la puerta 187, que les llevará a las afueras de Figueras la madrugada del 22 de marzo de 1814, muy cerca del camino por el que Fernando VII regresa desde Francia para encontrarse con el general Copons.
La siguiente escena muestra como los dos funcionarios esperan la llegada de la comitiva en la penumbra, agazapados tras unos arbustos. Alonso acciona el lanzacohetes y el carruaje salta por los aires en mil pedazos.
Regreso al ministerio. La puerta 187 vuelve a abrirse y regresan los protagonistas de la hazaña. Pero, para su desconcierto, todo parece completamente cambiado. Los muros de ladrillo y los estrechos corredores mal iluminados han sido sustituidos por flamantes pasillos ultramodernos, anchos y despejados. Los funcionarios que discurren por ellos, de acá para allá, portan vestimentas de cuarenta épocas, como siempre; pero no aciertan a dar con ninguna cara conocida; excepto con la de Diego Velázquez, que se muestra turbado y les hace desde lejos algo parecido a una seña de que guarden silencio.
Tampoco está la escalera de siempre, sino unos modernos ascensores, en donde un ordenanza al que no reconocen les invita a entrar con gesto resignado. Llegan a la planta de los despachos principales de la Subdirección, y allí se encuentran con que unos guardias uniformados les están esperando.
—Por favor. El Señor Subdirector aguarda— les invitan a acompañarlos
Salvador tampoco reconoce la puerta del que debía de ser su despacho, ni al hombre que les mira desde su mesa al entrar, con una mezcla de displicencias y enojo.
—¡Hombre, mira tú a quién tenemos por aquí…! Toda una leyenda del Ministerio, recién desembarcada de comienzos del XIX. Pero ¿cómo se le puede ocurrir a nadie tamaño dislate…? ¡Hala, a cambiar la historia, con un par…! Y puestos a cambiarla, pues a lo grande, cargándose nada menos que al Deseado… ¿No eran claras acaso las tajantes instrucciones de jamás, repito, jamás, hacer nada que modificara sustantivamente la historia…?
—Tengo entendido que eso no es exactamente así…—intenta defenderse Alonso.
—¿Cómo que no? ¿Quién le ha dicho a usted ese disparate? ¡Al Deseado, a Fernando VII…! ¡Qué idea delirante!...
—Ese hombre iba a ser el peor rey de toda la historia de España, el que nos embarcó en una sucesión de guerras civiles, el que descarriló a nuestra nación del progreso, el que nos hizo perder las colonias americanas…—se atropella Alonso, reproduciendo como puede la lección de historia que acaba de recibir en el bar.
—¿De qué está usted hablando, pedazo de psicópata… magnicida gratuito… integrista ibérico…? Nada de lo que está usted contando pasó jamás. Suerte que Carlos V supo cubrir la pérdida de su hermano y negociar hábilmente con Inglaterra hasta la derrota final de los franceses, para aliarse después con Prusia y poner a la pérfida Albión en su sitio… hasta hoy. Y de lo de “perder las colonias americanas”… ¿en qué mala novela ha leído esa locura? A ver si recuerdo el chiste la próxima vez que visite a mí hermano en Méjico; que esta mañana se levantó siendo Gobernador de Durango, aunque ahora ya no sé qué pensar… En fin…— El Subdirector menea la cabeza, ajusta sus gafas y regresa a sus papeles, pareciendo ignorar a su visita durante unos segundos. Finalmente, levanta la vista y remata:
—Por supuesto, está usted despedido. Pase por personal, donde encontrará lisitos los papeles. Y regrese después a su Sevilla del XVI. Puede buscar a su mujer y continuar con su historia personal. Considérelo un premio por los servicios prestados. Pero ni se le ocurra ir más allá. Recuerde que seguimos teniendo funcionarios allí y que le estaremos observando. Si intenta cualquier cosa, lo que sea, dese por muerto.
Salvador contempla toda la escena alucinado, yendo de uno a otro sin encontrar el momento para intervenir o sin atreverse a hacerlo. Alonso se vuelve y se encamina hacia la puerta, junto a la que permanece Salvador; pero antes de llegar, el Subdirector se dirige a él de nuevo.
—Alonso, antes de irse: se cuenta que otro funcionario le acompañaba en su última y espontánea misión, aunque aún no hemos podido dar con él… que por supuesto está tan despedido como usted… ¿Sería tan amable de decirme quién es, o de decirle a él que se ponga en contacto con nosotros?
—Créame: ya no será necesario— Y Alonso atraviesa el fantasma de Salvador, abre la puerta y se aleja por el pasillo.

Fundido en negro.
—¡Pardiez, Don Salvador…! os dejo un instante para traer más vino, y os encuentro traspuesto…
Salvador levanta la cara de la mesa en donde la tenía apoyada y observa a Alonso con la boca abierta y los ojos desorbitados. Después echa una mirada a su alrededor, contempla el resto del bar, se frota los ojos y se pone en pie trastabillado— Gracias, Alonso, pero creo que ya he bebido más que suficiente…—Saca un billete de su bolsillo y lo deja sobre la mesa, se pone la chaqueta que descansaba en el respaldo de la silla y se dirige hacia la salida, frotándose las sienes. Tras un par de pasos se vuelve hacia Alonso.
—Disculpa, pero no me encuentro bien. Me voy a casa. El lunes no creo que venga al Ministerio. Iré al médico, a pedir la baja. No estoy bien. Estrés laboral, o algo así… Me parece que paso demasiado tiempo trabajando…
FIN DEL CAPÍTULO IX (también conocido como Capítulo I del Ministerio de Avellaneda)
(Pd: Hermanos Olivares, Alicia, Marc: permanezco receptivo a vuestras  posibles propuestas. Y si no, pues no pasa nada: arrieritos somos. Tiempo al tiempo…)

martes, 7 de abril de 2015

¡Viva la emotividad...! (sea cual sea la escusa)

Una Nochebuena de finales de los noventa, en casa de mis padres, sucedió algo irrelevante, pero singular. Todos los Ferradas tenemos buen oído. No es nada meritorio, es una simple cualidad genética, como lo de ser bajitos; aunque lo cierto es que no deja de ser una bendición haber nacido con ese infalible juguete incorporado. El caso es que, en medio de la juerga, y después de haber bebido lo suficiente, alguien se arrancó con una canción a mitad de camino entre lo pastoril y lo militar, una especie de himno que cantaba mi padre en Rusia (falangista y con méritos pendientes de demonstrar por su papel durante la guerra civil —le tocó en el bando “contrario”— se vio impelido a sumarse a las fueras de la Wehrmacht), que trataba de un cadete que encontraba a una doncella celestial en medio de una pradera. Lógicamente, todos acompañamos la canción. Pero resultó que, otro de los presentes, engarzó con absoluta armonía lo anterior con el “A las Barricadas”, uno de los mantras anarquistas de nuestra guerra civil. De nuevo todos acompañamos festivamente la ocurrencia musical, que duró lo justo hasta que alguien le dio solución natural a lo anterior con el “Cara al Sol”, el himno falangista… que otro de los presentes resolvió enlazar con “La Internacional”, con la que efectivamente concordaba en tempo y tono. Y la cosa siguió, siguió y siguió, entre el buen humor, la sorna y el cachondeo, saltando del himno de la Unión Soviética al de España, pasando por el de la República Federal Alemana, el del Barça y la música del Nodo (estos dos últimos enganchan tan bien, en el punto justo, que parecen la misma composición).
¿Qué había detrás de todas esas músicas? Pues emotividad, amor por los tuyos, pulsiones positivas lanzándote para arriba, animándote a seguir, dándote energías para perseverar en el empeño, en tus nobles ideales…
Emotividad, emotividad, emotividad… El ser humano es adicto a ella, le pone. Le pone tanto, que lleva desde siempre buscando justificaciones para desarrollarla, esparramarla, dejarla fluir a borbotones. Y vaya que si lo consigue, sea cual sea la escusa. En estas fechas, nos acabamos de dar un atracón al respecto.

¿Qué porcentaje de los participantes -como actores o como público- en las procesiones de estos días, son realmente cristianos conmemorando el acto más dramático y el mayor de los misterios de su fe? ¿Alguno se parará a pensar en lo que supone toda es dramaturgia, que no es otra cosa que creer en la resurrección física y material de un hombre, que al mismo tiempo era el mismísimo Dios? A todo esto, se supone que Jesús, algún tiempo después de resucitar, ascendió a los cielos. No su alma, sino él enterito, incluido su cuerpo resucitado ¿Alguno de los participantes en las procesiones se habrá planteado en qué lugar físico concreto del cielo andará ese cuerpo físico? ¿En Alfa Centauro? ¿En Ganímedes? ¿En otra galaxia…?
Pero qué burradas estoy diciendo… ¿qué tendrá que ver la resurrección de Cristo con la Semana Santa? La emotividad que ahí se palpa, y a raudales, tienen que ver con la empatía hacia el injustamente maltratado, hacia la madre que ve sufrir a su hijo, hacia la buena persona vilipendiada y traicionada… ¿Quién podría ser indiferente a esas cosas? Pues ya lo tenemos: ¡Ay, qué pena más grande…! ¡Ay que dolor…!
Salgamos de cosas tan tétricas, y acerquémonos a otros fervores no menos emotivos ¡Que viva la Blanca Paloma…! ¡Saltemos la verja y trepemos los unos por encima de los otros para tocar su manto! O si no, pues ¡Que viva la Virgen del Pilar! ¡Visca la Moreneta¡ ¡La Macarena é la má grande! O ya, directamente, ¡ Que viva la Virgen de mi pueblo…!

 

¿Cuántos de los devotos marianos de cualquiera de los cientos de vírgenes de este país –miles, a nivel mundial- sabrán de dónde vienen todas esas variaciones de la misma cosa hacia las que sienten tan singular afinidad? Ahí van cuatro datos. No es opinión, son datos (al margen de que mi forma de contar las cosas suela aportar cierto tinte… que intentaré minimizar, en la medida de lo posible):
  • El cristianismo nace como una escisión reformada del judaísmo, pero comparte con él, entre otras señas de identidad, un feroz machismo, congruente con la sociedad judía de aquél entonces (común a la inmensa mayoría de los pueblos de la antigüedad): Dios es Padre, jamás Madre; abundan los profetas, y apenas existen las profetisas; la intermediación entre los hombres y Dios es tarea exclusiva de los sacerdotes varones; Dios nos mandó a su hijo, jamás habría mandado a su hija; etc.
  • Cuando el cristianismo se convierte en el culto oficial del Imperio Romano y absorbe a la religión greco-romana hasta entonces imperante –en realidad tuvo tanto de absorción como de fusión– se encuentra con el problema de que ésta última tiene un panteón femenino nutridísimo: Venus, Juno, Minerva, Diana, Ceres, Vesta, Flora, Fortuna, Tellus, Proserpina, Aurora, Luna… Frente a tal exuberancia, el cristianismo apenas dispone de una única figura femenina semidivina: la Virgen María, madre de Jesús.
  • En un proceso largo y sostenido, se fue trasmutando a las tradicionales deidades femeninas más adoradas en cada territorio en “versiones” —denominadas advocaciones— de la cristiana Virgen María, justificando su singularidad local en base a apariciones, milagros u otras manifestaciones acaecidas precisamente en ese lugar. De ese modo, conservando fechas de las festividades, e incluso lugares de culto y “talantes” (hay Vírgenes marineras, Vírgenes de las nieves, Patronas de todos los oficios…), la cristianización del mundo pagano fue más llevadera y menos traumática.
  • El procedimiento anterior resultó tan eficaz que volvió a aplicarse siglos después, en posteriores fases de expansión del cristianismo, como por ejemplo tras su llegada a América. Valga como ejemplo que la mejicana Virgen de Guadalupe “sustituyó” en el santuario azteca de Tepeyac a la diosa Coatl-cuéitl, diosa de la fertilidad y la tierra y una de las más importantes del panteón prehispano. Fue precisamente ahí  donde la Virgen tuvo a bien aparecerse al indígena converso Cuauhtlatoatzin (por suerte para todos, se rebautizó como Juan Diego); y no está claro cómo denominó él en su idioma náhuatl a la Virgen Maria, aunque parece probable que no fuera Coatl-cuéitl, es decir, “Señora de la falda de serpientes" (que era el nombre de la diosa local), sino acaso Coatlallope “Señora que aplasta la serpiente”… imagen que no cuesta nada trasmutar en la Virgen María venciendo al mal, aplastando al demonio, etc. Por cierto, intentad decir deprisa tres o cuatro veces “Coatlallope”, y veréis como acabáis diciendo Guadalupe.

¿Pero de qué locuras estoy hablando, que si serpientes, que si diosas romanas que, si qué se yo…? La virgen de mi pueblo es la mejor, y punto. La más bonita, la que vela por nosotros, la que nos ayuda y nos guía… ¡Se me saltan las lágrimas sólo de pensar en ella…! ¡Que viva la Blanca Paloma…! ¡Que viva la Virgen del Pilar! ¡Visca la Moreneta¡ ¡La Macarena é la má grande! ¡ Que viva la Virgen de mi pueblo…!
Bueno, vale ya de darle cera a los pobres cristianos, que se van a creer que es algo personal. La explosiones incontenibles de emotividad no necesitan del más allá para justificarse, pueden erupcionar con otras muchas escusas, como por ejemplo:
Sentir los colores, ser uno con ellos, que lo dan todo por la camiseta, que se dejan la piel… Son los míos, mi gente, los que portan nuestros valores, el esfuerzo, el tesón, la entrega al grupo, la lucha en pos de la victoria, aguantando lo que haga falta para demostrar quién son, quienes somos, lo que valemos… ¡Hala Madrid, hala Madrid, hala Madrid…! ¡Atleeeeeeti, Atleeeeeeti, Atleeeeeeti…! ¡Barça, Barça, Baaaaaaarça…!

Son increíbles. Yo es que, les oigo, y me recorre un escalofrío por el cuerpo entero. Nadie como ellos sabe transmitir lo que es el amor, lo que es sentir, que tu vida tenga sentido, saber que hay alguien ahí que daría la vida por ti, que te electrocuta con rozarte y que te manda directa al cielo con un solo beso. Qué voces... Es que es oírles y sentir que flotas, que te mueres. Y encima, ¡cómo están …! ¿Te imaginas una cita con uno de ellos, que te llevara a cenar, a bailar…? Sólo de pensarlo ya me están dando ganas de gritar… pero espera, que ya salen… ¡Si, son ellos…!, ¡Están ahí… ¡Sí, están ahí…! ¡Ay, que está mirando para aquí…! ¡Me está mirando…! ¡Yo me muero…!


Agrupémonos todos, con la camisa nueva, por el triunfo de la Confederación. Dios salve a Alemania, por encima de todo. Que sepa el Universo que el Barça juega en verso.
Lo dicho: ¡viva la emotividad! Y ya encontraremos una escusa para dejarla fluir.

martes, 24 de marzo de 2015

La terca realidad

La realidad es lo que tiene, que es rematadamente terca. Los que tenemos el vicio de pensar sufrimos especialmente este hecho, por prepotentes e ingenuos. Los que piensan poco, por el contrario, además de que eso de que la realidad les contradiga les sucede con cierta frecuencia, tal extremo les importa un pito: “vale, pues será como dices; y ¿qué más da?” Pero los aficionados a darle al coco nos quedamos bastante descuadrados cuando suceden esas cosas. Tanto razonar, tanto argumentar, tanto barajar hipótesis y discernir conclusiones lógicas… y al final, va la realidad y se pasa todo aquello por el mismísimo arco del triunfo, rematando en un resultado absurdo, incoherente.
Lo que ha pasado en las elecciones andaluzas del domingo es un magnífico ejemplo.
Qué desconcierto ¿verdad, Mariano? La recuperación económica es un hecho indiscutible, los datos están ahí. Cogiste un país hecho trizas por la incompetencia de los socialistas y lo has levantado a pulso. Se acabó la sangría del paro. España crece de nuevo, ¡y más que Alemania! Los rescates y ese tipo de mandangas son historia. Nuestra deuda se la rifan. El dinero vuelve. Y si la cosa no va aún mejor en sitios como Andalucía, es porque allí todavía no has conseguido bajar de sus poltronas a los sociatas, que llevan robando más de treinta años. Pero ya has escogido a tu paladín, a tu delegado. Los andaluces lo saben y desean el cambio. El vuelco es inminente e inevitable ¿verdad, Mariano?
Qué desconcierto ¿verdad Rosa, Albert, Miguel Ángel…? (sí, yo también): ¿cómo íbamos a imaginar que a buena parte de los andaluces les da igual eso de la corrupción? ¡Pero si les han estado quitando el dinero a los parados para metérselo en sus bolsillos, si tienen más imputados que la mafia, incluidos dos expresidentes de la Junta…! Anticorrupción investiga el destino de más de ¡SEIS MIL MILLONES DE EUROS…! ¿Cuántos casos de corrupción han salpicado a UPyD? ¿y a Ciudadanos? Pero corrupción aparte, ¿cómo no va a ser conscientes los andaluces de que tras 32 años de gobiernos del PSOE —periodo que abarca los “reinados” de Felipe González, de Aznar, de Zapatero y de Rajoy— Andalucía sigue a la cola de España? Algo tendrán que ver los gobernantes andaluces, digo yo, ¿verdad Rosa, Albert, Miguel Ángel…?
Seguro que debe de haber otro buen montón de pensantes desconcertados ante la terca realidad. Los de Podemos se iban a comer Andalucía con aceite y pan; y ciertamente se han llevado un buen bocado del pastel -un 15%- pero los de La Casta aún continúan disfrutando de la mayor porción: si sumamos PP, PSOE e IU, casi el 70%..
Los de IU no se si se han agrupado todos en el naufragio final, pero creo que ni ellos mismos se esperaban que las olas fueran tan grandes: Andalucía era su último bastión. Probablemente, a estas alturas ellos mismos ya saben que son historia.
Para no dejar fuera a nadie entre los desconcertados, aunque sea por el ángulo contrario, también habría que meter en el saco a Ciudadanos: ya sabían que la gente se iba a acordar de ellos; pero pasar de la nada al 10%... ni en sus mejores sueños.
En vista de todo lo anterior, y dejando atrás eso de tener o no razón, lo que la terca realidad nos está contando en este caso en concreto acaso se parezca a lo siguiente:
  • El peso del clientelismo, junto a la inercia y a lo que no deja de ser una actitud conservadora (“mejor me quedo como estoy, no vaya a ser que…”), son los argumentos de mayor peso en el electorado andaluz.
  • La gente no sabe repartir responsabilidades, distinguir a quién corresponden qué culpas y qué méritos. Desde esa falta de perspectiva, muchos de los que lo están pasando mal, que son muchísimos, han decidido castigar “a los que mandan”, así, en genérico y en abstracto; y esos, hoy en día, son los del PP.
  • Los más desafortunados, y emocionalmente de derechas o de centro, se han arrojado  a los brazos de Ciudadanos, para castigar a Mariano, pero sin arriesgar en exceso.
  • Los más desfavorecidos, y emocionalmente de izquierdas, se han arrojado a los brazos de Podemos, ya sea venciendo su pasotismo tradicional (muchos vienen de la abstención), o para castigar el servilismo e inoperancia de IU. Y lo de arriesgar más o menos… ¿dónde está el riesgo?: cuando no tienes nada, nada puedes perder.
  • Los de UPyD se han quedado para la mayoría en ni chicha ni limoná, pues la parte de su discurso que les hace diferentes de los grandes de siempre ha sido básicamente absorbida por los nuevos partidos, que además reúnen el aliciente de la novedad.
Qué prosaico todo, ¿no? A lo mejor las cosas son esencialmente así. Cuando las rodeamos de emotividad, de justificaciones, implicaciones, ecos y secuelas, lucen mucho más bonitas y más a la altura de nuestros sueños. Pero al final, si hay miles de millones de planetas en esta galaxia —que los hay— será simplemente porque es así, no porque a algunos nos haga ilusión. Y si nunca llegamos a pisar ninguno de ellos, pues otro tanto. La humanidad avanza despacio. En este país, la gente es esencialmente conservadora, y la corrupción no tiene repercusiones políticas. La realidad es así de terca.

domingo, 15 de marzo de 2015

Nueva Oleada del Barómetro Demoscópico Personalizado

En estos tiempos revueltos que nos están tocando en suerte no paran de pasar cosas, y por ello la sensibilidad y querencias de mi universo unipersonal no dejan de moverse. Total, que he decidió plantear una nueva campaña masiva de encuestas, que me cubra por completo, para sondear el estado de la cuestión.
Tengo que señalar que me he encontrado un poco más mosqueado y menos festivo que durante la oleada anterior, porque la mayor parte de las cosas que han pasado, políticamente hablando, no son del todo ejemplares. Además, he percibido en mí ciertos cambios de criterio, a medida que las gentes se retrataban y las cosas aparecían cada vez más claras. Entre ellas, y como más gordo, a saber
  • IU prácticamente ha dejado de existir. Los que quedan parecen los náufragos de la balsa de la Medusa ¿Cómo se va a confiar en ellos para nada, si son una estampida impúdica, un sálvese el que pueda?


  • En el PSOE siguen a lo suyo, sublimes. Como candidato a la comunidad de Madrid, y tras una traición en toda regla, han puesto a un cascabel, un terremoto, un auténtico tigre… que si llega al 20%, ya puede aplaudir con las orejas. Y Susanita, sin limpiar su casa de chorizos y sacando pecho —no es un chiste machista— sobre cómo va a cambiar Andalucía, si le dan una mayoría suficiente ¿Acaso necesita que le recuerden que los suyos llevan gobernando aquello desde hace 33 años, y que Andalucía es la región más pobre de España y con más paro de Europa?

  • En el PP tampoco parecen enterase de nada. En Madrid están que se salen, venga a repartirse navajazos y con Esperancita más chula que siete ochos, que va y se planta en una manifestación antiabortista, de nostálgicos de Gallardón y opuestos a Rajoy. Dentro de poco tendrán más gente dentro de la cárcel que fuera, pero no han hecho ni la más mínima autocrítica: resulta que han sido unos desalmados (sienes y sienes de desalmados), que se les habían colado para chupar, pero ellos no tienen la culpa de nada. De nada, salvo de la milagrosa recuperación económica que nos tiene a todos explotando de gozo ¿Esa gente pisa la calle? ¿Pero a quién coño le va tan bien como dicen? Si alguien lo conoce, que por favor me lo presente.
  • Las campañas contra PODEMOS arrecian, cada vez más peregrinas, vacías, idiotas. Ahora, que empieza a estar claro que esa gente tiene sobre todo corazón, pero poquísimas e inconcretas ideas, en lugar de sacar eso a colación, se empeñan en fabricar un “caso Monedero”, un “caso Errejón”, sustanciados en ridiculeces irrelevantes, con la esperanza de que la gente llegue a la conclusión de que “no, si esos también son unos chorizos, como todos”. Para mí que no está colando; pero si lo hiciera… ¿qué otra cosa podría estarse abonando así, salvo una masiva abstención?
  • Los de CiU superan en sarcasmo corruptivo a los del PP: una banda familiar de criminales se les ha estado llevando —a ellos y a todos nosotros— cientos de millones de euros… y no es ya que no hagan autocrítica, es que ni siquiera abjuran de Yoda y sus vástagos, a quienes únicamente cierta elegancia les diferencia de la camarilla de Gil y Gil. Pero eso no tiene importancia, lo importante es ser modernos y levantar nuevas fronteras, que es obviamente hacia donde apunta el progreso de la humanidad.


  • De Ciudadanos cada vez se oye hablar más, y méritos propios aparte, para mí que parte de la responsabilidad la tienen los dos grandes: ambos los consideran centristas puros con los que aspiran a pactar para alcanzar el poder, y como su nicho político fundamental es hoy en día el de los descontentos y apóstatas de los partidos de siempre, pues cuanto más pesquen ahí menos peces quedarán para Podemos, que es el enemigo de todos.

En vista de todo lo anterior, y de otras novedades en las que no me detendré para no aburrir, me he encuestado de nuevo, por completo. La cocina donde se trata la información ya fue desvelada en una anterior entrada (Barómetro Demoscópico Personalizado), de modo que paso ya directamente a ofrecer resultados.

Con respecto a la anterior oleada, cantan básicamente dos cosas: La primera, mi nivel de simpatía global hacia los partidos políticos ha caído considerablemente (hace mes y medio la “Suma de mis simpatías” alcanzaba 298 puntos, un 20 % más que ahora), fruto del desencanto/desengaño sufrido ante algunas formaciones en descomposición, y otras que se empeñan en retratarse, quedando cada vez más en evidencia. Y la segunda, que mi orientación política global —más de zocato que de diestro, aunque sin exageraciones— se mantiene; pero mi poliedrismo se traduce en una cámara que tendría que hacer encaje de bolillos para engendrar un gobierno:


Si cuando os enseñé el juguete ya echasteis una primera partidita, os sugiero que de vez en cuando os juguéis otra, como acabo de hacer yo ahora. Ayuda a desestresar, porque desde tu omnipotencia política onírica te puedes permitir el lujo de castigar a los malos y premiar a los buenos de un plumazo, según tu único criterio. Y también te ayuda a conocerte: yo me he quedado un tanto sorprendido al ver cómo en mi universo tiende a menguar la izquierda tradicional y a medrar el centro. A lo mejor son los años. La perspectiva, vaya…
Y a vosotros, ¿qué os sale? Si con lo que ha caído en los últimos meses, vuestras filias y fobias siguen en el mismo punto, o sois más fieles que Penélope o es que sois refractarios a las novedades; cosa que a su vez tiene al menos dos ángulos de interpretación:
-       Tenéis tanta madurez que los hechos puntuales no cambian vuestra perspectiva.
-       Tenéis tan poca madurez que os asusta reconocer errores y cambiar de ideas.
Fíjate tú: aquí el Poliedro, que parecía que estaba simplemente jugueteando, a cuenta de los vaivenes de la política, y al final va y nos planta un diván, para ayudarnos a someter a examen la solidez de nuestras convicciones…

lunes, 2 de marzo de 2015

Dios

Dios es un concepto, y por ello no existe como realidad independiente desligada de quien lo conceptúa. Acaso el Ser, todo lo que ha sido, es y será, encierre cierta voluntad. Acaso sea verdad que existe un Sumo Hacedor. O acaso lo sea que todo el espacio-tiempo y el resto de dimensiones de la realidad sean algo carente de origen y final, de por qué o para qué. Tanto importa: ninguna de esas opciones será Dios. Porque Dios es nada más y nada menos que un concepto. Como el amor. Como la libertad.
Libertad es para el esclavo su manumisión. Para el preso dejar atrás sus barrotes. Para el mendigo no tener que pedir. Para mí, disponer de tiempo para escribir estas cosas ¿Puede alguien creer o dudar de la libertad? ¿Cabe discutir sobre su existencia, realidad o irrealidad, bondad o maldad?
¿Qué diría un extraterrestre del amor? ¿Creería o negaría su existencia? Amor es lo que Romeo y Julieta sentían el uno por el otro. Amor es lo que Don Quijote sentía por Dulcinea y Cervantes por Don Quijote. Amor siente el rey de España por su patria española y Mas por su patria catalana. Y sin duda también era amor lo que Hitler sentía por su Gran Alemania. El amor de Herodes por su pueblo le impulsó a quitar de en medio a Jesús, ese peligroso revolucionario culpable de amar a toda la humanidad.
¿Cómo es posible que distintas versiones del mismo concepto constituyan argumento suficiente como para enfrentar a los hombres hasta la muerte? ¿Alguien se imagina a los seguidores del Amor Platónico alzados en armas contra los defensores del Amor Pasional, esgrimiendo cada cual que “su” Amor es el único verdadero, y que el “otro” es una absurda fantasía que debe ser erradicada?
Fuera de cada conceptuador los conceptos dejan de existir. No ya Dios o el Amor: una piedra es en sí misma una realidad diferente del concepto de piedra que tenemos cada uno. Además, los conceptos no son estáticos, sino uno en cada momento y para cada individuo. Y eso le pasa a todos los conceptos, no sólo a los que conciernen a temas transcendentes.  ¿Qué fue de la Tierra esférica, conocida en la Antigüedad, cuando en la Edad Media la sustituyeron por la Tierra plana?
Yo suelo pasarlo mal cuando alguien me pregunta que si creo en Dios, porque es obvio que lo que en realidad me está preguntando es si creo en su Dios; es decir, en su concepto de Dios (sea él o no creyente… para mayor ironía). Por eso, en lugar de extenderme en disertaciones que con toda probabilidad perderían a mi interlocutor, tiendo a responder con una frase atribuida a Buda (con el Sr. Siddharta Gotama tengo más de una profunda discrepancia, pero en esta ocasión –si es que realmente sucedió- estuvo genial):
“A mí lo que me preocupa es la infelicidad, y como evitarla para tener una vida plena. De los dioses prefiero no hablar, porque al final siempre se termina discutiendo”